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Diario Meridiano, Caracas, Venezuela
El 28 de agosto de 1947 fue un día muy caluroso en la península Ibérica; la opinión pública estaba adolorida por los sucesos de Cádiz, donde estalló un polvorín y destruyó la mitad de la ciudad. En Londres Atlee había regresado de sus vacaciones y se prestaba reiniciar sus labores al frente de los destinos de Inglaterra. En pleno Atlántico los emigrantes judíos a bordo del barco "Ocean Virgour" declararon; "Antes nos echaremos al agua que desembarcar en Hamburgo. Vamos camino a la tierra prometida. En la India ocurrieron sucesos aterradores; en Lahorra murieron 200.000 indios, degollados. El racionamiento de pan en Francia llegó al orden de 200 gramos diarios por persona. Las noticias más importantes en el medio taurino eran la petición que le hiciera al dictador Juan Domingo Perón el matador de toros Raúl Acha "Rovira", padre del hoy famoso cantante Emmanuel, para que permitiera las corridas de toros en Argentina y la inauguración de la Feria de San Agustín de Linares, con el cartel de seis toros de Miura para Rafael Vega de los Reyes, "Gitanillo de Triana", Manuel Rodríguez "Manolete" y Luis Miguel Dominguín.
Fue Manuel Laureano Rodríguez Sánchez un niño pálido, débil e instintivamente triste; a los cinco años había quedado huérfano de padre, quien tras una larga convalecencia "se llevó la llave de la despensa". Sin recursos, Manolete, su madre y sus hermanas habitaban la casa número 4 del barrio de Santa Marina el 4 de marzo de 1923. La infancia de aquel que asombraría al mundo con su toreo fue de estrechez económica, de hambre disimulada. Supo de la comida escasa y de la ropa zurcida. "Cuando era niño no veía un bocadillo, como no fuera en un bautizo" p;diría más tarde, en el pináculo de la fama, cuando un periodista le hiciera una entrevista. Desde los seis a los once años fue alumno del Colegio de los Salesianos de Córdoba. Las condiciones del hogar le hicieron hombre prematuramente y con el precoz raciocinio pudo comparar la bonanza en que vivían los toreros y la miseria con la que se nutrían los que no lo eran. Esa contundente razón, además de que por sus venas corría un torrente de sangre taurina, incluyeron para que el sobrino nieto de Pepete y Machaquito y el hijo de Manolete, pensara en abrazar la carrera del toreo.
Islero había nacido en la finca "La Cascajosa", donde la familia Miura tiene las vacas; había sido destetado de la vaca Islera y en el herradero lo habían marcado con el número 22. En el tentadero de machos no dijo nada especial; fue un novillo normal. Le separaron para una corrida de toros que iba a Murcia, como habían sido los cinco hermanos que le acompañaban en los corrales de la plaza de Linares.
¿Cómo está la corrida?
Sobre la cama de su habitación en el hotel Cervantes de Linares Manolete descansaba. La persiana impedía que el radiante sol andaluz penetrara en el cuarto. Vestido con una bata azul de lunares blancos Manuel Rodríguez le hizo la pregunta a Camará. "Muy bonita," dijo don José Flores, al instante que Chimo, su mozo de espadas, en un silencioso ritual comenzaba a preparar las cosas para la corrida. "Chimo, ¿qué vestido vas a sacar?" "El rosa, maestro." Ve si hay un par de medias de las que usamos en Barcelona; las otras se arrugaron y me molestan. De inmediato se volteó y cerró los ojos. No le molestaron hasta pasadas las doce del día cuando comió muy ligero; un filete de ternera, uvas y café con leche. Encendió un cigarrillo, fue al cuarto de baño a bañarse y afeitarse. Desde temprano los amigos fueron a verle; Alvaro Domecq, Ricardo García "K-Hito", quien fuera el periodista que le bautizara "El Monstruo", y otros. Chimo había colocado sobre la mesa las estampas religiosas y bajo el capote de paseo, en un rincón y sobre una silla, el traje de luces, la camisa, las medias. Bajo todo, las zapatillas desanudadas, en posición de firmes, dispuestas a hacer el último paseíllo.
Convertido en figura del toreo llegó Manolete a Sevilla la tarde de su alternativa el 2 de julio de 1939. La tarde en la Maestranza era de acontecimiento taurino; Manuel Jiménez "Chicuelo. Los toros de Clemente Tassara; el de la alternativa se llamó "Mirador" y Manolete le cortó las dos orejas. Confirmó el doctorado el Día de la Hispanidad, 12 de octubre, con Marcial Lalanda de padrino y con toros de Antonio Pérez. Esa tarde también confirmó el entorchado el hijo de Juan Belmonte. Manolete salió a hombros por la puerta grande.
Ya todo estaba listo para que los clarines y los timbales anunciaran la salida del quinto toro de la tarde, de "Islero", número 22 de la ganadería de Miura y que le correspondía en segundo turno a Manuel Rodríguez "Manolete". Rafael Vega de los Reyes, "Gitanillo de Triana" había estado muy bien en su primero, en especial con el capote, escuchando una gran ovación y petición de oreja; con el cuarto de la tarde Gitanillo más bien abrevió, dadas las condiciones del miureño. Además, él estaba de relleno, la gente había ido a ver a Manolete frente al joven madrileño Luis Miguel, quien venía arrollando, dispuesto a quitar de su sitio al cordobés, Buscando guerra sin dar cuartel. Dominguín con el tercer toro de la tarde había cortado una oreja; había realizado una faena valentona, con pases de rodilla, desplantes y esas cosas que agradece el graderío y que exaltan cuando desean quitar a alguien del medio. A Manolete lo querían quitar de en medio, triunfaba demasiado, ganaba mucho dinero y nunca perdía. Manolete había matado al segundo de la tarde luego de lidiarle en medio del contento general; con la capa había bordado el lance a la verónica, con la muleta inició el trasteo con tres pases por bajo, siguió con cuatro naturales de sensación, dos más; manoletinas, música y mata de pinchazo y estocada sin descabello. Le ovacionaron, saludó desde el tercio y al toro le pitaron en el arrastre. "Islero" pesó en vivo 495 kilos; era cárdeno entrepelado, astigordo y cornicorto. "Manolete" lo recibió con tres verónicas. Luego de que "Islero" fuera picado, sin que se comportara como bravo en los caballos, Manolete inició su faena con cinco naturales y desafió al toro metiéndose en medio de los mismos pitones. Otra serie de naturales, superior. Otra serie de naturales. Cayeron prendas de vestir. Cuatro manoletinas inmensas, pases por alto colosales y siguió con otros diversos. Entró a matar, dejándose ver, colocando un estocadón a la vez que salió prendido y derribado. En brazos de los asistentes fue conducido a la enfermería, al parecer con una cornada pues llevaba la ingle llena de sangre. A la enfermería le llevaron las dos orejas y el rabo que le habían sido concedidas. Luis miguel, con el sexto dio una vuelta al ruedo. La corrida de Miura pesó, en canal, lo siguiente: 263,5; 279,5; 266,5; 289,5; 295 y 296 kilogramos. Un promedio en vivo de 480 kilos. Islero pesó 495 kilos.
En América fue torero de impacto. Tal vez su rivalidad con Carlos Arruza, pugna que revivió la que en pretéritas épocas sostuvieron Gaona y Gallito, hizo que el pueblo Azteca viera a Manolete como un elemento de rivalidad para su ídolo, "El Faraón de Texcoco", Silverio Pérez. Su presentación en Ciudad de México fue el 9 de diciembre de 1945, con toros de "Torrecillas"; torearon con Manolete los mexicanos Silverio Pérez y Eduardo Solórzano. Llegó a vestirse 31 veces de torero en México. Sus manos a mano con Lorenzo Garza, Armillita, Silverio y Procuna fueron inolvidables; México lo convirtió en un ídolo y le dio a ganar mucho dinero; pero Manolete se sintió mejor que en ninguna parte en suelo mexicano, allí realizó las mejores faenas de su vida; su presentación en México tuvo las dos caras de su vida, un rabo en el primero y una cornada en el segundo. Dos caras ante una misma actitud, la entrega, la verdad y la honestidad como torero. También le idolatraron los públicos de Perú, Colombia y Venezuela; en nuestra tierra actuó tres tardes, dos en la Maestranza de Maracay y una en un festival en el Nuevo Circo de Caracas. En Maracay reinauguró la plaza de toros que fuera construida por el General Juan Vicente Gómez. El primero de mayo de 1946 actuó con Julio Mendoza y el peruano Alejandro Montani lidiando astados de Guayabita y el 12 de mayo del mismo año toreó mano a mano con Carlos Arruza reses de la misma procedencia. Los toros guayabiteros fueron rechazados en Caracas por falta de peso, edad, y trapío y por dar la corrida, a como diera lugar, el apoderado de Arruza, Andrés Gago, quien a la vez fue el organizador de la "Temporada Monstruo" se fue a Maracay y abrió las puertas de la olvidada Maestranza. En Caracas toreó con Arruza, Mendoza y los hermanos Ricardo y Oscar Martínez en un festival a beneficio de la campaña de alfabetización. Esa fue toda su actuación en tierras venezolanas y que los aficionados de aquella época, p;los que hoy se consideran tan severosp; consideraron, a pesar de los becerretes que toreó Manolete en Maracay, como de apoteósica.
Manolete llegó en estado de shock a la enfermería. Como lo primero era atender al restablecimiento del estado traumático, se le taponó la herida y se le aplicaron los remedios de más urgencia. Los curiosos se apiñaron en la sala de curas de la plaza de Linares, tal vez demasiados curiosos que impedían se desenvolvieran médicos y enfermeras con libertad. No había sábanas y tuvieron que colocarlo sobre capotes de brega. Se tuvieron que buscar vasos en una tasca frente a la plaza, no los había ni para tomar agua en la enfermería de Linares. Los doctores Carbonell y Garzón le hicieron la primera operación y la primera sangre la recibió de un cabo de la policía de nombre Juan Sánchez. El parte facultativo decía: "Herida de asta de toro situada en el ángulo izquierdo del triángulo de Scarpa, con un trayecto de veinte centímetros de longitud de abajo hacia arriba y de adentro afuera ligeramente de delante atrás, con destrozo de fibras musculares del sartorio, fascia cribiforme, recto externo, con rotura de la vena safena y contorneando el paquete vascular nervioso y la arteria femoral en una extensión de cinco centímetros y otro trayecto hacia abajo y hacia afuera de unos quince centímetros de longitud, con extensa hemorragia y fuerte shock traumático. Pronóstico: muy grave". p;"Ay, Pelu, hoy duele mucho la ingle! "Le dice a su primo y banderillero Cantimplas". "Pepe, ¡qué susto he pasao! ¿Ese sitio es muy malo?" Le pregunta ahora a Camará, su apoderado. De la enfermería de la plaza lo llevaron al hospital de Linares. Inyecciones de suero fisiológico, cafeína, antitoxinas, cardiazol, efedrina, todo lo que la ciencia médica podía emplear. Pero Manolete no reaccionó nunca del shock. "Me encuentro muy mal." Le dijo a don Alvaro Domecq; luego, preguntó: "¿Maté al toro de la estocada? ¿Y no me han dado ni una oreja siquiera?" Al saber por Camará que le dieron las dos y el rabo se sonrió; él, que nunca sonreía, lo hizo al borde de la muerte. Luego volvió a exclamar: p;¡Dios mío, qué malo me encuentro! Alvaro, tráeme mis medallas. Cómo sufrirá mi madre. A las cuatro de la tarde palideció con matices trágicos. Reconoció a Domingo Ortega que acababa de llegar. Diez minutos más tarde llegaba el doctor Jiménez Guinea, y le dijo: p;Don Luis, ¿no me mete usted la mano? Al cabo de un tiempo preguntó: p;¿Tengo los ojos cerrados? ¡Y los tenía abiertos! Vidriosos por la proximidad de la muerte. Unos minutos antes de las cinco sobrevino un colapso por el shock, y el capellán del hospital le suministró la Extremaunción. Su última palabra fue para llamar a su peón de confianza: ¡David! A las cinco entró en agonía. Sin estertores ni angustias, ni suspiros... Inclinó la cabeza a la derecha, como si buscara con su ciega mirada un camino de salvación. El doctor Tamames, que le sujetaba el pulso, exclamó: p;¡Ha muerto!.
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